Una publicación efímera, como todo

Ha vuelto el miedo

In Opinión, por Mempo Giardinelli on 3 julio, 2017 at 10:35

“Si hay algo que sabe leer el macrismo son las estúpidas aspiraciones burguesas tercermundista que suele tener las clases medias”, plantea Mempo Giardinelli en esta nota.

Leemos hoy:

“Es claro que hoy en la Argentina decir que estamos en otro 55, sería, para muchos, una exageración. Pero con la democracia degradada y las instituciones en destrozo; con el voto y el apoyo de una exigua mayoría engañada; con un enorme resentimiento social llamado grieta y un gobierno que se comporta como una dictadura de nuevo estilo, simuladora y con decisivo apoyo mediático para mentir la realidad, quizás no sea tan exótico pensar que estamos en otro 55. Y autoriza a pensarlo así el conocido chiste que dice que si un animal de cuatro patas tiene orejas y hocico de perro, cuerpo de perro y mueve la cola como perro, es perro nomás.

Digan lo que digan, si se defeca en el Congreso y se gobierna a decretazos; si a la Justicia se la domina y condiciona, y si los únicos privilegiados son los ricos, los parientes y los amigos, para describir a esta símil dictadura sólo faltaba que empezaran a meter palos. Y empezaron nomás.

Ahora hay gendarmes y polis por todos lados, pidiendo “Documentos” con la misma, vieja y repudiable voz autoritaria. También hay canas de civil, marcando y apaleando. Y razzias racistas y violentas contra el pobrerío. Y algún secuestro, inclusive, como para ir retomando prácticas demoníaca’s y atemorizar.

Ha vuelto el miedo, aunque algunos todavía prefieren negarlo. Es un miedo que ya sienten los trabajadores, los empleados públicos, los que ilusionados votaron esta porquería y ahora se dan cuenta de la estafa, y en general los que tienen memoria y protestan, reclaman y no se someten por más que sepan que están siendo arrinconados por el ajuste miserable. Es un miedo que se filtra bajo las puertas en las villas y en el pobrerío, y está llegando a clase medieros díscolos. Entre los primeros, germinante la bronca y el resentimiento. Entre los segundos, como casi siempre, la confusión y la parálisis.

A la par, el paisaje muestra al sindicalismo recalando. En general, digamos, porque hay dirigentes dignos –Palazo, Yasky, algunos más– que reclaman respuestas y luchas que los Gordos no quieren. Ni pueden, de hecho, colúbridos como están con patrones y gobierno. Salvo en materia de negocios han perdido en toda la línea, empezando por la de la vergüenza. Como el primer Triaca, hace años, que de sindicalista pasó a ser socio del Hockey Club.

Entretanto, la clase política teje como Péndelo, o, para que se entienda fácil, como nuestras abuelas: punto paca, punto palla. Y ahora en muchos casos intervenidos por los nuevos dictadores, entreverados con ellos como palmitos de yerba. Ya habían infeccionado al radicalismo, cuya dirigencia se entregó sin luchar, pero ahora envenenaron casi todas las alianzas provincianas, con el viejo y asqueroso argumento de que billetera mata ideologías.

Como siempre, dirán algunos con razón, pues no es la primera vez que la billetera –o la Bañuelo según algunos memoriosos– liquida procesos populares. Ya hemos visto cómo algunos hasta hace poco kirchneristas doble pechuga se doblaron como vélites en verano. Y si no por billetera, por presumibles carpetazos.

Doloroso pero cierto, también hay que decir que en el campo nacional y popular han habido errores groseros que estamos pagando. Y que más temprano que tarde habrá que empezar a poner en negro sobre blanco, porque de lo contrario no nos levantaremos más y significará que nada aprendimos.

Circula en las redes, por cierto, una cita de Ál varo García Linera, que en relación a Brasil invoca al indoblegable Freí Abeto en una autocrítica por los errores cometidos por el PTS: “Nosotros estuvimos 13 años en el gobierno y no hicimos un trabajo de base, de alfabetización política. Sí hicimos un trabajo de facilitar al pueblo los artículos de consumo (pero entonces) hicimos mucho más una nación de consumistas que de ciudadanos protagonistas políticos, y ahora estamos pagando el precio de las semillas que hemos plantado”.

Impecable lección que conviene leer dos veces o más. Para pensar mejor lo que se hizo y, sobre todo, para advertir lo que no se hizo o se hizo mal. Y atentos a que la cita es doblemente importante: de un teólogo inimitable y del vicepresidente de un país hermano en el que los pueblos originarios son mayoría y al que se explotó más que a ninguna otra nación durante cinco siglos, desde que las minas de Potosí despertaron la locura de los conquistadores y del reino de España.

Algunos dirán que no es hora de pasar facturas, y clamarán otros que autocríticas no, porque benefician a los contrarios. Cierto, pero tan cierto como que sin autocríticas no hay corrección y no se puede avanzar.

Y además enfrente está el macrismo, que es elemental pero astuto hasta lo inconcebible. Desconcierta incluso a los propios. Mérito de Duran Barba o de Mongo, practica un liderazgo empresarial que les da réditos porque las clases medias y el pobrerío –aquí y en la China– está más pendiente de sus propias aspiraciones que de lo que le expliquen economistas, políticos y militantes. Y si hay algo que sabe leer el macrismo son las estúpidas aspiraciones burguesas tercermundista que suele tener las clases medias, e incluso muchos de los más odiados. Justamente lo que el pan peronismo no ha sabido leer bien.

Todavía no es el momento, las uvas no están maduras. Pero habrá que llegar a esa instancia, nomás, que será ardua pero alumbradora”.

(Leer completa la nota de Mempo Giadinelli haciendo click acá)

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