Una publicación efímera, como todo

Mi barrio

In Apuntes rápidos, Mapa personal, por Mario Rivas on 21 abril, 2017 at 11:21

por Mario Rivas

La vereda de La Cariñosa, sobre el Bv. Guzmán.

Desde hace diecisiete años vivo en un triángulo. Es una manzana delimitada por el Bv. Guzmán, la calle Salta y la calle Oncativo. Allí está La Cariñosa, nuestra Estancia. No me imagino vivir en otro lugar que no sea éste.
Pero no quiero hablar de La Cariñosa, ni de mí. Voy a intentarlo al menos. Quiero contarles un poco el Barrio donde vivimos.

En la esquina de Libertad y el Boulevard está la báscula o lo que queda de ella: el puente donde se subían los camiones, las oficinas, la báscula misma arriba de la cual a veces se ve un gato gordo dormitar al sol. Con Santino nos encanta caminar sobre el puente que está hecho con durmientes de quebracho y abajo se ve la fosa. Hace unos años, en la rampa de acceso a la báscula por calle Libertad, hicieron tres cocheras, tres pajareras de alambre con techo de chapa que inmediatamente fueron alquiladas. Fue como el certificado de defunción definitiva de la báscula. Igual nos encanta caminar por sus durmientes cuando vamos o volvemos del Mercado.  Sí, porque durante años fuimos al Mercado  por la calle Oncativo, que es el camino más directo, claro. Pero desde hace unos años preferimos, aunque sea un poquito más largo, ir por calle Libertad: las veredas son más anchas, el paisaje es más lindo, qué sé yo, nos gusta más.

Esquina donde se encontraba la báscula. La intervención en el cartel todavía se encuentra intacta.

Al lado de la báscula está la entrada al convento de las monjitas, con rejas, flores enredaderas y cámaras de seguridad. Por calle Oncativo está la nave de la iglesia y también la entrada principal. Esta de calle Libertad sería como la entrada de servicio. Detrás del jardín hay una ventana que da a la cocina. Todos los mediodías las monjitas reparten comida a los indigentes en las escaleras de la calle Oncativo. Las raciones las dan en envases de cartón de leche larga vida.

Volviendo a la calle Libertad, frente a las monjas hay dos casas muy raras, construidas en estilo Art Decó y pintadas de negro y oro, nunca supimos que había allí. Parece un estudio de abogados pero eso no está confirmado.

En la esquina de Libertad y Maipú está el comedor de los Rodríguez. Una nota en la página de policiales de La Voz le había hecho mala fama al lugar y nunca habíamos ido. Pero en el 2016 me animé y fuimos con Santino: un lugar recomendable, con mesas que tienen mantel de hule, excelente comida casera, empanadas fritas y un ambiente familiar y de laburantes. Ahora no es que seamos habitués pero vamos de vez en cuando, sobre todo los jueves que hacen pollo a la parrilla y las calles se llenan de un olor irresistible. Santino, por su parte, es fanático de los pimientos rellenos que prepara Mirtha, la cocinera del lugar.

Cruzando Maipú y siempre por la vereda Sur hay una casa de cerámicos, no recuerdo si Salas o Cerro Negro. Al frente están haciendo una mega construcción en donde era una imprenta y al lado hay un edificio naranja con una fachada tan pero tan setentista que realmente es para destacar. Al lado de este edificio está Joe’s Liberty, la vaquería donde compro mis jeans. El dueño, un flaco bronceado al estilo rubio de Camel, se emociona escuchando a Dyango, el cantante español. Asimismo. Supo contarme una vez, con lágrimas de emoción en los ojos, que uno de sus más preciados tesoros es un casete de Dyango que lleva en su auto para escucharlo donde quiera que vaya.

Volviendo a la vereda Sur hay una droguería que siempre está entregando mercadería y en la esquina está Gómez, la venta de muebles de cocina, baño y cerámicos. En la fachada de los Gómez hay un reloj que por lo general está en hora. O sea que Alvear y Libertad es una esquina que tiene hora propia. En diagonal está Las Magnolias, venta de aberturas, y en esa  esquina funcionaba, hace mil años, el Bar Victoria.

Reloj en la fachada de Casa Gómez.

Al lado de Las Magnolias está Agosto, un boliche de copas por la noche y comedor popular a la mañana y al mediodía. Es toda una experiencia ir a almorzar a este lugar y comer a plena luz del día rodeado de la decoración de un bar de copas, les aseguro.

Al frente, en la esquina Sur, está el edificio de El Hogar Obrero, una construcción hermosa, amplia, luminosa. En la planta baja ahora está Zárate. Al lado, siempre por la calle Libertad, está el negocio ese que te encuentra los azulejos iguales a los que se te rompieron. Tienen otro local a la vuelta y al frente Gómez tiene uno igual que sería la competencia. En la vereda del negocio de calle Libertad tienen un muñeco de esos inflables que se mueven y que a Santino, cuando era chico, le daba mucha impresión. Ahora pasa y lo mira con respeto y medio que de reojo.

Al frente está el refugio y comedor para indigentes y ya en la esquina de Rivadavia y Libertad está la Agencia de Carreras de Caballos. Ah, entre el negocio de azulejos y la Agencia del Hipódromo está el bar de Manolo, un grandote que vive vigilado de cerca por su madre. Manolo también tiene agencia de quiniela.

Llegamos así a la esquina de Química Dalton, frente al Colegio Sagrada Infancia, que en su momento fue un orfelinato, el colegio se entiende, que los Dalton no tienen abuela pero eso es otra historia.

Digo que los Dalton no tienen abuela porque siempre están haciendo chistes escatológicos en la vidriera de su negocio, pero amén de esto tienen muy buenos productos y precios.

En lo que resta de esta cuadra no hay nada más destacable a simple vista: al frente, por la vereda Norte, está San Cristóbal Seguros con su enorme playa de estacionamiento y sus inmensas oficinas dignas de otras épocas. Sobre la vereda Sur al lado de una playa de estacionamiento decrépita, una casita de un solo cuarto que me recuerda la casita de José Ramón en Nueva Gerona.

Bueno, llegamos a San Martín esquina Igualdad-Libertad, la esquina Bagdad de Córdoba, que siempre está con el pavimento roto y llena de aguas servidas esa esquina. De todas maneras esta cuadra, de ambas veredas, es una de las cuadras que más me gustan del barrio. Es la calle de la Farmacia Verónica Martinez –con su insoportable dependiente buena onda-, dos verdulerías –una de ellas con los mejores tomates de la zona-; al frente está La Mugrecita, un bar con pool, máquina gira discos y un ambiente que mamma mía. Luego Via Veneto, venta de productos de limpieza, de arroz, de harinas, las Empanadas Norte con las mejores empanadas árabes de Córdoba (ver aquí). Casi llegando a la esquina está el puesto de Carmela que últimamente no es de los de los puestos bolivianos más florecientes pero que supo tener épocas de gloria.

Y claro, en esta cuadra está la quiniela de Carlitos, mi quiniela, delante de lo que fue el bar El Dólar y ahora es un comedor boliviano que ni fu ni fa.

Lo que era la bella fachada del Bar El Dólar que los actuales dueños no supieron conservar. Al lado la Quiniela de Carlitos, donde se consiguen todas las marcas de cigarrillos y los mejores caramelos de anís de  Córdoba.

Bueno, hasta aquí esta primera parte del recorrido.

Ah, por cierto, mi barrio se llama La Segunda y estoy muy orgulloso de ser parte de él.

 

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