Una publicación efímera, como todo

La base está

In Ay país, Opinión, por Washington Uranga on 15 julio, 2016 at 10:00
"Cuando el ajuste del cinturón se generaliza las diferencias políticas pasan a segundo plano", plantea Washington Uranga en esta nota. (foto P/12)

“Cuando el ajuste del cinturón se generaliza las diferencias políticas pasan a segundo plano”, plantea Washington Uranga en esta nota. (foto P/12)

Leemos hoy:

“Pasaron los decretos de necesidad y urgencia para demoler la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Pasaron las leyes para pagar a los “fondos buitres”. No hubo reacción frente al veto presidencial a la ley que limitó los despidos. Pasó también la ley “trampa” que encubrió detrás de la “reparación” a los jubilados un escandaloso blanqueo de capitales. El relato macrista y el blindaje mediático contribuyeron a evitar un desgaste político mayor al oficialismo. El Presidente se atrevió a decir que “soy realmente muy optimista” y hasta se permitió asegurar, casi repitiendo una frase atribuida hace años a Carlos Menem, que “si yo les decía a ustedes hace un año lo que iba a hacer y todo esto que está sucediendo, seguramente iban a votar mayoritariamente por encerrarme en el manicomio. Y ahora soy el Presidente”. No pasó el tarifazo.

Quedó demostrado en las manifestaciones de repudio que se concretaron ayer en todo el país, aunque será difícil evitar que el oficialismo mediático desmerezca las protestas o pretenda minimizarlas usando un criterio exactamente inverso al utilizado cuando los cacerolazos eran contra el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Nada que no pudiera imaginarse de antemano.

Al margen de este debate -que en definitiva pasa a ser una cuestión menor- quedan abiertas algunas líneas para la reflexión sobre el acontecimiento político-social vivido ayer en todo el país.

Desde las provincias hacia la Capital

La movilización que finalmente plasmó ayer en una protesta masiva se inició en las provincias, siendo Rosario uno de los puntos neurálgicos, y luego ancló también en la capital del país. En la mayoría de las comunas porteñas y en numerosas esquinas de la ciudad de Buenos Aires se vieron anoche manifestaciones de repudio y de bronca que, al mismo tiempo, hacían imposible ocultar la impotencia ante la insensibilidad de las decisiones gerenciales del “mejor equipo de los últimos 50 años” que está al frente de la gestión de la alianza Cambiemos.

La protesta de ayer tuvo alcance realmente federal, muy por encima de otras manifestaciones similares en el pasado. Si bien -como era lógico suponer- la demostración de repudio hice carne en algunos puntos neurálgicos de los grandes centros urbanos, la rabia contenida brotó en un reguero de expresiones de distinta magnitud a lo largo de todo el mapa del país. Las formas también fueron diferentes y tomaron nombres diversos: ruidazos, cacerolazos, marchas, pintadas, cortes de calle, bocinazos, campañas de afiches, radios abiertas, veredazos … abriendo también el espacio de la creatividad en el ejercicio de la resistencia ciudadana al ajuste. Dando lugar a nucleamientos que resurgen y a otros que se inventan. Una “multisectorial del audiovisual” se reunió, por ejemplo, hace días en Tucumán para buscar los modos de hacer frente a la “crisis por la que atraviesa el sector, en especial en la producción de ficción nacional”.

La muestra extendida de indignación también da cuenta del impacto que el tarifazo tiene en la vida cotidiana de los argentinos más allá de banderías políticas y definiciones ideológicas. Cuando el ajuste del cinturón se generaliza las diferencias políticas pasan a segundo plano.

Unidad desde la base

“Unidos podemos exigir que corten con los aumentos” fue la convicción más instalada que sirvió, al menos por el momento, para postergar antiguas o renovadas disputas y diferencias entre sectores, grupos y posiciones políticas. Se podría decir con razón que “Macri lo hizo”. La falta de sensibilidad, la voracidad y también la ineptitud política del Gobierno logró, al menos por esta vez, superar la fragmentación y la falta de iniciativas políticas tanto de los partidos de la oposición como de las organizaciones sindicales.

Juan José Sisca, presidente de la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (Apyme) de Rosario definió a las “multisectoriales” como “espacios horizontales, a los que se suman los que sufren el impacto de una política económica que está haciendo estragos en la actividad del mercado interno y el empleo”. Y explicó que si bien el eje convocante fue la pelea contra los tarifazos “inevitablemente esto se extiende a la defensa de la producción y las fuentes de trabajo”.

Las diferentes “multisectoriales” que afloraron en el país hacen esfuerzos extremos para evitar ser copadas tanto por organizaciones políticas, como por los sindicatos. No quiere decir que por ello rehúyen de los apoyos que les acercan las fuerzas políticas y sindicales, pero consideran que la mayor fortaleza está hoy basada en el reclamo común y en la autoconvocatoria que emerge desde las bases sociales. Hay banderas distintas e intereses diferentes entre los comerciantes, las pymes, los almaceneros, los carniceros, los grupos barriales, los autoconvocados y los ciudadanos de a pie. Hoy los une el reclamo y la protesta. No es el 2001. Porque se maduró en experiencias organizativas y porque el escenario es diferente. Pero hay marcas de aquella experiencia que emergen en la realidad de hoy.

La evaluación que todos los actores hagan de lo que sucedió en la jornada de ayer abrirá, sin duda, el espacio a nuevos debates e intentos de posicionamiento partidario y organizacional. Las “multisectoriales” comienzan a ser un ámbito apetecido por niveles dirigenciales que desde la asunción del macrismo han deambulado sin rumbo entre la inacción, la complicidad y el desconcierto. Por ahora, políticos y sindicalistas quedaron a la zaga y no hay “referentes” únicos o figuras extremadamente carismáticas o preponderantes en las “multisectoriales”. En esos espacios lo que “garpa” es la constancia y la tenacidad de la participación traducida en militancia.

“La base está”

En medio de las idas y vueltas, las dudas y la impericia del “mejor equipo de gobierno de los últimos 50 años” que solo parece coincidir en atribuir todo a la “pesada herencia”, el Presidente que pretende ser simpático y popular y apenas logra alcanzar un estilo “canchero” más propio de barrio Norte, Palermo Hollywood o San Isidro, se mostró en los últimos días confiado en el futuro de la Argentina y, en una visión muy particular de lo que está sucediendo en el país, pidió que seamos “protagonistas, de lo que nos va a pasar” que “va a ser algo muy bueno” porque “como diría el querido ‘Bambino’ Veira, ‘la base está’”. Seguramente en coherencia con el mismo pensamiento al hablar en la Bolsa de Comercio el Presidente animó a los empresarios a blanquear sus capitales diciéndoles que “ya no van a tener que protegerse, ni esconderse; esta es la última oportunidad” porque de lo contrario -les “advirtió” impostando otro vez el estilo descontracturado- “Alberto (N. de R: por Alberto Abad, director de la AFIP, allí presente) los va a encontrar”.

Probablemente podría decirse que los bocinazos, los ruidazos y las manifestaciones de ayer preocupan más a los empresarios capitalistas que las suaves reprimendas o consejos de Macri que les sigue hablando como un par hoy encumbrado a la presidencia.

Pero para no desperdiciar la cita presidencial y el recuerdo del Bambino Veira también los actores populares pueden comenzar a decir después de ayer que “la base está”. Nadie podrá afirmar con certeza cuáles serán los efectos en el reacomodo de las fuerzas sociales y políticas en la Argentina del futuro próximo. Pero lo que hoy se reúne bajo el paraguas “multisectorial” es, sin duda, un germen de organización ciudadana del que pueden surgir alternativas para el futuro político del país”.

(Leer completa la nota de Washington Uranga haciendo click acá)

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