Una publicación efímera, como todo

Los suicidas

In Apuntes rápidos, por Mario Rivas on 17 marzo, 2016 at 16:16
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por Mario Rivas

El primero que apareció fue el del Banco Social, a las siete y cuarto de la mañana. Nadie supo nunca cómo el tipo había llegado hasta allí pero lo cierto es que ahí estaba, bien arriba de la cúpula, con un cartel en el pecho que decía “¡Buitres No!” y amenazando con tirarse si derogaban las leyes Cerrojo y de Pago Soberano.

La primicia fue del movilero de Radio Mitre, que había ido temprano al Banco para cobrar un cheque, quizás había ganado a la quiniela, eso no lo sé. La cuestión es que habían cortado el tránsito, imaginate, 27 de Abril y Gral. Paz, habían llegado dos autobombas, como tres o cuatro patrulleros, la gente se había empezado a juntar para no perderse nada del espectáculo, un quilombo. Imaginate, hora pico en que la gente va para el laburo, una arteria fundamental en esta ciudad que todavía tiene el mismo trazado desde la época de la Colonia. A las ocho menos cuarto esa esquina era un quilombo, como te digo: ya habían llegado las otras radios, los canales de televisión estaban transmitiendo en vivo y en directo, media ciudad paralizada siguiendo las alternativas de qué iba a pasar con este loco.

Yo lo conocía al tipo, habíamos militado juntos en la década del ’70, en los secundarios de la Fede. Era un poeta, un militante de los Derechos Humanos. Solíamos encontrarnos en las marchas del 24 de Marzo y si bien nuestros caminos políticos se habían bifurcado un poco, nos seguíamos teniendo un profundo afecto.

Yo te había dejado a vos en la escuela y me estaba tomando un café en el Bon que Bon cuando vi las imágenes por la tele. Pagué y salí disparado para 27 y Gral. Paz. Las cámaras, apostadas en las terrazas de los edificios de enfrente lograban enfocar la cara de mi amigo y un canal había llevado a estudio a una mina de esas que saben leer los labios así que traducía y todos podíamos entender lo que estaba reclamando. En la calle, con el quilombo de gente, las sirenas y todo eso no se entendía un carajo, aunque el cartel que tenía en el pecho mi amigo suicida no dejaba lugar a dudas. Me acuerdo que pensé: “¡Qué poema se está mandando el Bimbo!” y me sentía muy orgullosos de ser su amigo. Porque, date cuenta, nos querían endeudar hasta la coronilla, no sólo a nosotros, a vos, a tu sobrino, un espanto que ya habíamos vivido y que mucha gente no quería recordar. Porque, como te digo, esto que nos estaban proponiendo desde el Gobierno ya lo habíamos vivido, te diría que exactamente igual, calcado y sólo trajo miseria y muerte a nuestro pueblo. Sin embargo algunos, como gallinas fascinadas, aplaudían esta nueva entrega a la banca internacional. Mi amigo estaba haciendo un “acting” de la puta madre y poniendo en riesgo su propia vida, porque te digo que hay que tener cojones para estar allá arriba sin ninguna red.

A las ocho y media, uno de los que estaba ahí entre la gente y con una radio pegada a la oreja gritó: “¡Hay otro más en Rivadavia y Olmos!”. Yo pensé: “¡En la cúpula de los angelitos!” y me fui para allá. Otro quilombazo, sirenas, bomberos, el tránsito cortado, un montón de personas arremolinadas viendo el suceso. Éste estaba agarrado a la estructura de un viejo cartel de publicidad que está ahí desde hace añares y siempre me había preguntado por qué no lo habían sacado. Tenía una bandera argentina sobre su pecho y había tenido tiempo de colgar unos carteles hechos a mano en la estructura. “No al Fondo”, “Deuda Nunca Más” y otro que no pude ver bien pero que decía algo de Macri, el presidente fugaz que tuvimos en aquella época.

Imaginate Santino: con esos dos locos protestando y amenazando con tirarse al vacío la ciudad estaba paralizada.

A eso de las nueve el corresponsal de Cadena 3 en Mendoza informó que había otro suicida en la Av. San Martín de esa ciudad, en la azotea de uno de los edificios más altos.

A partir de ahí fue como un reguero de pólvora: aparecieron suicidas por todos lados, todos protestando contra el acuerdo con los Buitres. En Rosario, en Salta, en Santa Fe, en Buenos Aires, en Villa Crespo, en Balvanera, en Caballito y hasta en el mismísimo Puerto Madero. Se iban “encendiendo” suicidas a lo largo y ancho del país.

“A mi no me pregunten, hablen con el ministro de Salud”, dijo la ministra de Seguridad en las últimas declaraciones en su cargo.

Lo cierto es que para el mediodía el país estaba inmerso en una especie de nube surrealista. Algunos puteaban contra los K, otros aplaudían, pero lo cierto es que el que más o el que menos estaba tomando conciencia de lo que estaba por suceder con el destino del país.

Yo no sé si estuvo organizado o no, nunca se pudo comprobar. Quizás algunos sí, pero me parece que hubo una sumatoria espontánea de suicidas.

La frutilla de ese día de locos fue la chica del Obelisco, la que estaba cruzada con una bandera que decía “Patria Sí, Colonia No”. Es la foto que recorrió el mundo. Esta chica sí pertenecía a Fuerza Bruta, un grupo de teatro que había hecho puestas en escena maravillosas durante el gobierno de los K. Pero nunca se pudo comprobar ningún tipo de vinculación de esta chica con alguna organización kirchnerista. Lo cierto es que desde una de las ventanitas del Obelisco se colgó con un arnés de una soga y ahí quedó suspendida, a la mitad del monumento. En un momento los rescatistas, esto se vio en vivo y en directo por la tele, quisieron izarla pero ella desprendió uno de sus ganchos y casi se cae al vacío.

A eso de las cuatro de la tarde la mayoría de los suicidas habían sido rescatados. Creo que fueron diecisiete en todo el país, no me acuerdo bien.

A la seis de la tarde se empezó a congregar gente, mucha gente, en los alrededores del Congreso de la Nación, que estaba todo vallado y lleno de policías. Era muchísima gente pidiendo a los representantes que no se volviera a endeudar al país. A eso de las siete comenzó a sesionar el Senado y casi a la medianoche, con una mayoría abrumadora, se impidió la derogación de las leyes Cerrojo y de Pago Soberano.

Afuera estalló una fiesta popular.

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