Una publicación efímera, como todo

Acto de reparación histórica

In Cultura, Patrimonio Cultural, por Eduardo Fabregat on 23 febrero, 2016 at 18:25
"En un hecho que significa un rescate histórico pero también y sobre todo un acto de reparación sin precedentes, el Instituto Nacional de la Música acaba de adquirir el catálogo completo de las etiquetas Music Hall, Sazam y TK, transfiriendo la propiedad y los derechos intelectuales sobre esas obras a sus dueños naturales: los músicos", plantea Eduardo Fabregat en esta nota.

“El Instituto Nacional de la Música acaba de adquirir el catálogo completo de las etiquetas Music Hall, Sazam y TK, transfiriendo la propiedad y los derechos intelectuales sobre esas obras a sus dueños naturales: los músicos”, plantea Eduardo Fabregat en esta nota.

Leemos hoy:

“Es una suerte de marca registrada, un sinónimo de rock argentino. Durante muchos años, la etiqueta Music Hall y su subsello Sazam dieron vueltas en miles de bandejas, realimentando en cada giro un movimiento que ya no se detuvo. Hoy son piezas de colección, material de sitios web dedicados a la compraventa, vinilos de precio inflado en cuevas de Buenos Aires: títulos de Pappo’s Blues y de Seru Giran, de Arco Iris, León Gieco y Pedro y Pablo, de Raúl Porchetto y de Miguel Mateos, pero también de ediciones internacionales (las licencias internacionales de MH incluyeron a próceres sinfónicos como Emerson Lake & Palmer y Yes), y de Astor Piazzolla, Leopoldo Federico, Aníbal Troilo, Eduardo Falú o Los Carabajal. Sicamericana, la empresa detrás de Music Hall, quebró en 1993, cuando en la Argentina despuntaba el imperio del CD; desde entonces, ese impresionante catálogo quedó en el limbo, atrapado en un laberinto judicial. No era de una empresa, no era de los músicos. Era solo un recuerdo. Hasta ahora.

En un hecho que significa un rescate histórico pero también y sobre todo un acto de reparación sin precedentes, el Instituto Nacional de la Música acaba de adquirir el catálogo completo de las etiquetas Music Hall, Sazam y TK, transfiriendo la propiedad y los derechos intelectuales sobre esas obras a sus dueños naturales: los músicos. La noticia provocó una ola de entusiasmo y satisfacción entre los beneficiarios, para quienes se abre todo un panorama de reediciones y puesta en valor de esos materiales sobre los que tendrán absoluto control.

“Para nosotros esto es un motivo de enorme orgullo”, señala Diego Boris, presidente del Inamu. “Hace muchos años, incluso desde la Unión de Músicos Independientes, que queríamos hacer algo: veíamos que había un patrimonio cultural que estaba como preso de una disputa económica, una situación jurídica que impedía que ese material se pudiera reeditar.” Boris detalla que “Sicamericana era un sello nacional pero con características de una multinacional, con estudio de grabación propio; los artistas fichaban con exclusividad, el sello era dueño de la producción fonográfica que se grababa en sus propios estudios. Cuando tuvimos la oportunidad de estar al frente del Inamu sentimos que era una causa justa que debíamos afrontar”. Lo primero que hizo el ente creado por la Ley de la Música fue empaparse de la situación real del proceso de quiebra. “Había que averiguar porque había muchos mitos alrededor de Music Hall, que no se podía resolver, que había muchos acreedores”, detalla Boris. “Fuimos averiguando con los secretarios del juzgado, con la jueza, con el síndico, y nos enteramos de que parte de la quiebra ya se había solucionado al vender el edificio donde estaba el estudio, en Uriburu 40… un lugar histórico, donde se grabaron discos muy importantes.”

Tras hacer un minucioso repaso de las obras en la Dirección Nacional de Derecho de Autor –que prestó una colaboración invaluable abriendo libros con cuarenta años o más de antigüedad–,la primera intención del Instituto fue conseguir un proyecto de ley que recuperara el catálogo. Varios músicos filmaron videos para iniciar una campaña, pero ante la certeza de que los tiempos políticos bombardearían la idea, el Inamu ejerció su carácter autárquico y directamente hizo una oferta para adquirir esos 1500 títulos: el juzgado confirmó la venta en 2 millones 750 mil pesos. “Desde el comienzo, en el expediente quedó asentado que el Inamu adquiría el catálogo para darle a los músicos la licencia para editar ese material en el formato que quieran, CD, vinilo, subirlos a plataformas digitales, y que el dinero se lo va a quedar el músico”, señala Boris. “No es intención del Instituto lucrar con eso, sino recuperar un patrimonio cultural y hacer un acto de justicia con esos músicos que muchas veces no pudieron cobrar sus derechos. El Inamu se queda con el derecho de productor fonográfico, y ese dinero va a generar un programa para solventar primeras grabaciones de nuevos músicos. Así ganamos todos: se recupera un patrimonio cultural, se le da a los intérpretes la posibilidad de sacar esos discos con nuevas fotos, con alguna otra versión que tengan guardada, y se genera un dividendo hacia el Instituto para financiar a nuevos músicos.”

En estos días, la gente del Instituto se aboca a la tarea de recuperar lo físico: el material de Sicamericana y todos sus sellos, cintas de grabación, material gráfico (“Encontramos una carpeta con todos los artes originales de casete, fue muy emocionante”, cuenta Boris), se encuentra almacenado en el depósito de una compañía dedicada a la música tropical. Más allá del temor por el estado en que puedan encontrarse masters cuya conservación es delicada, tanto Boris como la vicepresidenta Celsa Mel Gowland no ocultan su entusiasmo por la posibilidad de lo que allí pueda aparecer. “Pensá que en el concierto Música del Alma tocaron muchos grupos y hubo mucha música, pero se editó apenas una parte”, dice Boris. “Billy Bond y Gustavo Santaolalla ya nos expresaron su intención de hacer reediciones integrales de La Pesada y de Arco Iris, rescatando material inédito, sumando cosas.”

Según el responsable del Inamu, otra de las grandes ventajas de la historia de Music Hall es que los responsables del juzgado no desguazaron el catálogo, que se mantuvo íntegro. “La propiedad intelectual rige hasta 70 años después de la ‘fijación’ en fonograma: el autor de un disco editado en 1975 tendrá derechos hasta 2045 y después entra en dominio público y lo puede editar cualquiera. Eso le deja menos margen a discos de tango del sello TK que fueron grabados antes, pero estamos contactando a los herederos de Piazzolla, de Leopoldo Federico, de Aníbal Troilo, para que puedan disponer de ese material y hacer lo que quieran.”

Palabras y sonidos

Ayer por la tarde, fueron los músicos quienes tomaron la palabra. En un encuentro realizado en el club Boris, varios protagonistas de aquellas grabaciones acompañaron la presentación que hizo el Instituto. Charly García, León Gieco, David Lebon, Raúl Porchetto, Miguel Cantilo, Miguel Mateos, María Rosa Yorio, Pipi Piazzolla, fueron algunos de los que dieron el presente, nombres que dieron una idea de la relevancia del anuncio. “Falta Néstor Celasco”, dijo León, mencionando al presidente de MH, mientras Lebon aludía jocoso a un célebre parecido del ejecutivo: “Para nosotros siempre fue Walt Disney”. El periodista Alfredo Rosso, responsable de varias ediciones del sello, señaló que en sus programas de radio siempre mencionó a estos materiales como “rehenes” de la industria, que ahora vuelven a sus legítimos dueños. Cantilo se encargó de subrayar que “este logro del Inamu no se dio por beneficencia o por una conciencia del valor artístico de estas obras: se consiguió con dinero, un dinero que la Inamu tuvo a su disposición gracias a la ley de medios”.

Por un camino similar fueron las palabras de Mateos, que recordó que con su hermano Alejandro iniciaron algunos años atrás gestiones judiciales para recuperar el material de Zas, pero que chocaron con obstáculos de toda clase. “Tuvo que surgir el trabajo de un cuerpo colegiado como el Inamu para que esto se hiciera realidad, y no me queda más que agradecimiento”, señaló. Los que no pudieron estar por imposibilidad geográfica se manifestaron a distancia: se proyectaron los videos enviados por Billy Bond desde Brasil y Gustavo Santaolalla desde Estados Unidos, agradeciendo el trabajo de Inamu. “Muchos de mis discos son muy difíciles de conseguir, nunca fueron reeditados y solo están en manos de coleccionistas”, señaló El Bondo, que dijo que analiza “ofrecer el material de manera gratuita”. El músico ganador de dos Oscar, en tanto, dijo que “al fin el trabajo de Arco Iris, realizado con tanto esfuerzo, puede llegar a quien estaba pensado desde el primer momento, el público”.

Sentado entre los asistentes junto a Lebon, Charly aseguró que “el estado del rock en Argentina me parece un desastre, y espero que esto mueva algo… qué sé yo, viva Babasónicos”.

El acto terminó con la firma y entrega de los contratos de cesión de derechos a los músicos, el momento que desató un aplauso cerrado. Pero como correspondía a un encuentro de ese tenor, el verdadero final llegó cuando las mesas del escenario quedaron a un costado y se produjo un reencuentro de monstruos, con Gieco, Porchetto y Charly -¡virtual reunión de Porsuigieco!-, Cantilo y Lebon tocando canciones que giraron tantas veces con el logo de Music Hall en la etiqueta y dando pie a una zapada que borró toda frontera temporal. Digno broche para un gesto que libera un pedazo grande de historia musical argentina”.

(Leer completa la nota de Eduardo Fabregat haciendo click acá)

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