Una publicación efímera, como todo

Recuerdos de Senegal

In Crónicas, por Analía Lorenzo on 21 diciembre, 2015 at 13:58
Senegal (foto AL)

Isla de Gorée, Senegal (foto AL)

por Analía Lorenzo (desde México, DF)

Si una vidente me hubiera vaticinado que iba a ir dos veces a África en mi vida, hubiera empezado a pensar en qué autores de libros y películas me llevarían. A lo mucho. Pero aquí estoy sentada sobre esta piedra aparente con el recuerdo de dos ciudades, dos pequeñas zonas de esas ciudades africanas que caminé. La primera vez fue en Maputo, Mozambique. La segunda, que es la que nos convoca, a Dakar, Senegal.

Los dos destinos muy distintos, comparten, claro, un pasado de trabajo y esclavitud. Sobre todo de esclavitud.
(Casi siempre coinciden que los peores fueron los portugueses, parece que los franceses la llevaban más leve pero la historia es siempre la misma, la cruel, la de la trata).
La isla de Gorée es la madre de Dakar, capital de Senegal, y no fue un parto fácil.
Cerca de Cabo Verde, la isla de Goreé tenía contacto con Europa y fue disputada por portugueses a quienes se la quitaron los holandeses y luego se la disputaron e intercalaron entre ingleses y franceses.
Con el tiempo, Gorée vivió de la pesca y del comercio de maní, de la mano de los mulatos notables, que prontamente excedieron en número a la pequeña burguesía colonial francesa, y comenzaron a demandar derechos. Uno de ellos fue un espacio continental, es decir Dakar, solicitud que antecede por mucho tiempo a la liberación de los esclavos. Cuando finalmente Dakar fue fundada, nadie quería vivir allí. Era salvaje y complicada, con dunas y laberintos, los que habían comprado los terrenos ahora no querían construir allí; el nacimiento de Dakar fue el de una ciudad triste y despoblada. Con el tiempo y la debacle del comercio del maní, Dakar conocería el esplendor.
Pero antes les quiero contar una historia que es mentira y no importa.
En la isla de Gorée se sitúa la Maison de Esclaves, la casa de los esclavos, donde los retenían hasta el día, que al ser vendidos, cruzaban la puerta del viaje sin retorno, hacia el mar desconocido e interminable que los conducía a América. “América” en aquel entonces y a los fines de la trata se resumía en: el mar de Brasil, Louisiana, en Estados Unidos, Cuba, Haití y las Antillas. Pero ellos no lo sabían.
La casa de los esclavos es color rosa, tiene una escalera gastada al centro y una serie de celdas distribuidas en todos lados, con barrotes fuertes que aún perduran. Las celdas se separaban entre hombres, mujeres, niños y mujeres jóvenes. Las celdas de los niños y de las mujeres adultas son la únicas contiguas. Las otras celdas están aisladas con muros gruesos y pequeñas ventanas al mar. La casa se ubica en la vera de la isla, la puerta del no retorno conduce a piedras, y luego al agua. Dakar y la isla de Gorée  son una nariz africana al Occidente, de lo más cerca de América, el nuevo mundo.
Saqué una foto, sin saber qué significaba bien, al letrero de la “Sala de los recalcitrantes”, me metí en la sala, húmeda, pequeña, hacinada, y cuando llegué a México me fijé qué significaba “recalcitrante”. Yo lo usaba para el sol, un sol recalcitrante. Pero aplicado a humanos, claro, era reacios, duros, rebeldes. Los senegaleses, y la figura del hombre y la mujer africana con la que mi percepción se quedó, es que son gente corpulenta y fuerte.
Hay en el museo que es hoy la casa de los esclavos, pocas y breves instantáneas de lo que realmente sucedía allí. Se mencionan rebeliones y suicidios en masa al subir al barco, como estrategias de resistencia. Se comenta que hubo una sala de engorde. Poco se habla de los responsables de la trata, ya sean los árabes, los del nuevo mundo, los asiáticos, y los propios africanos, ya que la caza de esclavos contó con muy efectiva mano de obra local. Esa información, me cuentan, estaba en otro museo de la isla, la vieja cárcel, pero a ese no entré de insolada que estaba.
Hasta aquí todo lo que cuento es cierto en tanto mis oídos y ojos hicieron su labor, pero nobleza obliga aclarar que la Maison de Eclaves no fue un centro importante de trata de africanos, apenas, dicen las crónicas, cruzaban entre 200 y 500 mil esclavos al año, una cifra conservadora. En cambio, las vecinas Cabo Verde o Saint Louis, ciudad capital de Senegal y Mauritania durante la colonia francesa, eran enclaves históricos de la trata. Incluso la fecha de la construcción de la casa de los esclavos de Gorée se discute (en general, estas cosas las discuten en Francia) y sostienen que la casa en sí fue construida al final de la época de esclavitud. Sin embargo, el emblema que esa casa de esclavos representa, gracias a su mecenas Boubacar Joseph Ndiaye, es indiscutible. Y demás está decir que los senegaleses son geniales en estrategias de turismo.
Hoy, los edificios más interesantes se están desmoronando. Buena parte de la isla, incluyendo el parquecito que contiene la placa de Naciones Unidas celebrando no sé qué vergonzosa buena intención, está en completo abandono.
El turismo ha menguado. El sector apenas si vive del turismo africano y de los expatriados privados o de onegés.
Hasta hace algunos años el Rally Paris Dakar, traía gente y dinero pero en otra victoria ambientalista, el pueblo salió jodido. En la región, los países vecinos del África del oeste no andan derrochando éxitos.  Y la ciudad de Dakar, preparada otrora para el turismo, está “desmotivada” (palabra que irremediablemente me remite a Bilardo).
Hablando de, es magnífico ser argentino en África. Diego Armando, Messi y Di María nos brindan, como ninguna otra formación, un halo protector inigualable. Tuve la suerte que Messi había ido hacía poco a entrenar niños; los senegaleses de Dakar aman el deporte, todo el día hacen deporte. La voz cínica de turno, francesa ella, dijo: no tienen trabajo, no tienen dinero, tienen toda la energía que se pueda tener, entrenan. Y estaban chochos con Messi.
El pueblo de Dakar y Gorée también se sostiene de la pesca, las remesas, algunas industrias; buena parte trabaja maquilando artesanías que intentan, con mil y una artimañas magníficas, venderte en lo posible caro. Yo soy buena dejándome estafar pero el capitalismo me odia y el banco me bloqueó la puta tarjeta y me dejó sin dinero que malgastar, con lo mucho que me gusta. Si serán el enemigo, cómo les aborrezco.
Postdata. En el mundial del ’78 Austria le ganó a Alemania en el estadio Chateau Carreras de Córdoba, desde entonces Córdoba y los cordobeses somos venerados en Austria. No tiene nada que ver con África, pero me lo contó una austríaca mientras caminábamos por ahí.
(Continuará)
(foto AL)

(foto AL)

Grabado de La Maison des Esclaves, Gorée, 1839.

Grabado de La Maison des Esclaves, Gorée, 1839.

La Maison des Esclaves hoy (foto AL)

La Maison des Esclaves hoy (foto AL)

Interior de la Maison des Esclaves (foto AL)

Interior de la Maison des Esclaves (foto AL)

Celda de los Recalcitrantes, Maison des Esclaves, Dorée, Senegal. (foto AL)

Celda de los Recalcitrantes, Maison des Esclaves, Gorée, Senegal. (foto AL)

Grilletes para los esclavos. (foto AL)

Grilletes para los esclavos. (foto AL)

(foto AL)

(foto AL)

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