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¿De dónde viene la atracción de los argentinos por el dólar?

In Economía, Opinión, por Leandro Selén on 26 noviembre, 2015 at 9:04
La atracción de los argentinos por el dólar se remonta al gobierno del dictador Juan Carlos Onganía cuando su ministro de economía, Krieger Vasena, permitió el uso de la moneda estadounidense para comprar ciertos bienes producidos en el país, en el marco de un contexto devaluatorio y recesivo. (ilustración Soto/Télam)

La atracción de los argentinos por el dólar se remonta al gobierno del dictador Juan Carlos Onganía cuando su ministro de economía, Krieger Vasena, permitió el uso de la moneda estadounidense para comprar ciertos bienes producidos en el país, en el marco de un contexto devaluatorio y recesivo. (ilustración Soto/Télam)

Por Leandro Selén (vía Télam)

Fue durante una dictadura militar, carente de nacionalismo y con un fuerte ímpetu privatista y extranjerizante, que tenía a un estadounidense manejando los hilos de la economía argentina, cuando se dio inicio a la fiebre por el dólar, una moneda que antes de ese momento prácticamente no la conocía nadie entre el común de los argentinos.

La atracción de los argentinos por el dólar tiene su origen en la decisión del dictador Juan Carlos Onganía, que en 1967 permitió que la moneda norteamericana pasara a tener uso corriente en la adquisición de determinados bienes producidos en el país.

Fue en consonancia con una brutal devaluación de 40%, exactamente de la misma magnitud que ahora pide la oposición a través del presidente del Banco Ciudad, Federico Sturzenegger, que el ministro de Economía de ese entonces, Adalbert Krieger Vasena, posibilitó la dolarización, entre otras cosas, de los precios de las propiedades, uno de los principales refugios de valor de los ahorristas argentinos.

Krieger Vasena nació en la Argentina en 1920, pero en 1939 apenas cumplida la mayoría de edad se hizo ciudadano estadounidense.

Previo a dirigir la economía durante la dictadura de Onganía, prestó sus servicios durante poco más de un año a otro dictador, Pedro Eugenio Aramburu, uno de los artífices del golpe que derrocó a Juan Domingo Perón en 1955. Sin embargo, en ese corto período, gestionó el ingreso de la Argentina a dos organismos multilaterales que signarían durante décadas la vida de los argentinos: el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Para cuando asumió como ministro de Onganía, además de abrirle la puerta de la economía argentina al dólar, entre sus primeras decisiones, Krieger Vasena suspendió los convenios colectivos de trabajo, impulsó una ley de hidrocarburos que permitió la participación de las empresas privadas en el negocio del petróleo, y otra de alquileres que facilitó los desalojos. También suspendió por dos años los aumentos de los salarios y rebajó a la mitad los aranceles a la importación.

El pensador Arturo Jauretche decía “no es Onganía quien gobierna, sino Krieger Vasena”.

Durante su gestión, la industria argentina productora de tabaco pasó a manos de multinacionales de origen estadounidense. Lo mismo sucedió con parte de la industria petroquímica. De su mano llegaron al país la Banca Morgan, el Citibank, el Chase Manhattan Bank, y las multinacionales Ford y Parker. Las empresas extranjeras pasaron a controlar la mayor parte de la economía argentina.

La llegada del capital extranjero, con activos bien baratos para quienes tenían dólares, fue en detrimento de la industria nacional. Krieger Vasena también introdujo los conceptos de “competencia”, “modernización” y “eficiencia” en contraposición con “estatismo” e “intervención”. Se impuso la ideología de la privatización. Se engordó la deuda pública.

Las multinacionales se endeudaban en pesos, en forma barata en el país, y transferían sus utilidades en dólares al extranjero.
El Consejo Publicitario Argentino, alineado con la dictadura, bajo la consigna “¿Libre empresa o dirigismo?”, lanzaba una campaña donde magnificaban “un sistema de libertad económica” para que “la iniciativa personal, el trabajo y el sacrificio tengan su recompensa: la prosperidad”.

De la mano de una fuerte invasión importadora y de los capitales extranjeros que comenzaron a producir en el país, Krieger Vasena logró controlar la elevada inflación que registraba la Argentina, y les posibilitó a los argentinos la fantasía de jugar con dólares, a costa de ir destruyendo poco a poco la estructura productiva del país. Algo que reviviríamos un cuarto de siglo más tarde, con Menem y Cavallo, quienes llevarían los preceptos de Krieger Vasena a sus máximas posibilidades: privatización, endeudamiento y convertibilidad, con la libre utilización del dólar como medio de pago en la economía doméstica.

Krieger Vasena fue el ideólogo de la utilización del dólar en la economía argentina, cuando solo la conocían aquellos sectores que operaban en el comercio exterior, viajaban al extranjero o tenían cuentas bancarias en otros países. Pero el común de la gente jamás en su vida había pensado en el dólar. “¿Alguno de ustedes, vio alguna vez un dólar?”, preguntó Perón a una multitud reunida en la Plaza de Mayo, durante su primera presidencia.

La bimonetización de la economía argentina se transformó desde entonces en una dura mochila para quienes pretendían que el país pudiera tomar decisiones soberanas. El ingreso de dólares, la salida de dólares, la cotización del dólar, la acumulación de dólares, los créditos en dólares, signaron durante décadas el ritmo económico de la Argentina.

Ahora desde la administración central se plantea una reversión de este sistema que solo cosechó fracasos para la mayoría, y beneficios para unos pocos. Así como lo fue el eterno endeudamiento heredado de gobiernos y gobiernos, lo es la bimonetización. Y así como se dieron las duras batallas del desendeudamiento y de la independencia de los organismos multilaterales, a pesar de los pronósticos oscuros de los profetas de la derrota, la desdolarización de la economía es nueva batalla. Vamos a darla.

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