Una publicación efímera, como todo

“No levantai ni el Oso”

In por Mario Rivas, Postales on 15 marzo, 2011 at 14:23

El Oso Polar de Roberto Juan Viola, tallado en piedra por Alberto Barral, ha encontrado su lugar definitivo en la terraplenada entrada al Museo Provincial Emilio Caraffa de Córdoba.

por Mario Rivas

Supo contarme Don Víctor Manuel Infante que cuando se estaba proyectando el Puente Antártida en esta ciudad, el entonces intendente peronista Manuel Martín Federico encargó para ornamentar alegoricamente el mismo la confección de un Oso Polar al artista plástico Roberto Juan Viola.

Don Víctor Manuel no recordaba exactamente la fecha de inauguración pero habría sido a fines del año 1954, aproximadamente.

La cuestión es que ya estaba todo dispuesto para la apertura del puente: la banda municipal afinaba sus bronces al costado del Parque Las Heras, los niños de las escuelas municipales estaban de punta en blanco, los funcionarios, la cinta inaugural dispuesta para el corte simbólico.

Todo estaba preparado para un memorable acto de una vía que comunicaría el barrio de Alta Córdoba con el centro de la ciudad. El Oso Polar esperaba a un costado, tapado con una lona, el momento en que sería mostrado a toda la concurrencia.

Y entonces se acerca un asesor del Intendente Federico y le susurra al oído: “Intendente, en la Antártida no hay osos”

“¿Cómo que no hay osos? ¿Y dónde viven los osos polares entonces?”, fue la asombrada pregunta de Martín Federico.

“Precisamente Intendente, los osos polares viven en el Polo Norte, no en la Antártida”, fue la paciente respuesta del asesor.

La cuestión es que el Puente se inaugura y el Oso queda ahí tapado sin vivir su momento de gloria.

Pasó el tiempo y el Oso seguía ahí arrumbado. Hasta que un día un funcionario decide trasladarlo. Con la mala suerte que el día en que los empleados van a cumplir el encargo estalla la Revolución Fusiladora en nuestra ciudad. Iban los empleados municipales cargando el Oso Polar en un Rastrojero Diesel cuando al pasar frente a la Casa Radical le decomisan el vehículo y tiran al Oso al costado de la vereda del Episcopado cordobés.

Y ahí quedó el Oso, medio tapado por unas chapas que supongo alguien le habrá puesto para protegerlo de las inclemencias del tiempo.

En aquella época en la zona del Episcopado se encontraba la Vieja Terminal de Ómnibus y era lugar frecuentado, como todas las terminales del mundo, por un variopinto enjambre de personajes, entre ellos las chicas “de la mala vida” como las denominaba Don Víctor Manuel.

Las cuestión es que entre las “chicas de la mala vida” se había popularizado un insulto para significar la escasa o nula convocatoria de alguna de ellas: “Caiate vó, que no levantai ni el Oso” solían decirse entre ellas.

La anécdota viene a cuento porque ayer, mientras tomábamos unas cervezas negras y me daba datos precisos, Mojarrita me dijo: “Radio Nacional Córdoba no levanta ni el Oso”.

Pero esta charla la voy a contar dentro de un rato.

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